La noche ha pasado: los horrores vuelven a dormir. Noviembre agoniza y no podemos dejarlo ir sin un último adiós a quienes hacen de este mes la época de los recuerdos: nuestros muertos.

Espeluznantes espectros quedarán a la vera del próximo año, en espera que no los olvidemos, ni a ellos ni a su fiesta, colorida y pletórica de irreverencias, de contradicciones, de lágrimas y risas. Es por ello que volvemos a las celebraciones vividas en este precioso mes: por allá de los primeros días, Iván Zepeda Valdés, el cuentero cordobés, junto a los Macuiles (conjunto de música tradicional) hicieron un divertido homenaje a esas almas que el tiempo rehusa a olvidar, empero sus seres amados cada día olviden más y más la tradición dedicada a ellos. Y para evitarlo, nos regaló un bello espectáculo llamado "¡Viva la vida, Noche de muertos!"

Un ramillete de cuentos en torno a la gran dama, La Muerte, y a sus clientes preferidos, nosotros; coronado por un altar de música jarocha, melodiosa y entregada, jarana en mano, recuerdo al corazón de quienes quisiéramos que estuvieran AQUI, pero ya no es posible.

Historias como "Macario" de Bruno Traven, "El Tarratán" (cuento popular), y otras, se dieron cita en nuestros oídos, mientras llenaban de vida y muerte la garganta del cuentero, el recinto entero y las tumbas a nuestros pies. Canciones como "Las tradiciones" y "Santos" nos endulzaron la velada entre cempasúchiles de color y sabor a chocolate familiar… reimos, lloramos: recordamos. Que al fin y al cabo, para eso son estas fechas.



